
– ¿Te preocupa el qué dirán?
– Si, claro. Sé que mi familia lo verá mal.
– ¿Qué miembros de tu familia?
– Sobre todo mi padre y mi madre.
– ¿Qué crees que te dirán?
– Decirme, nada. Ya no tenemos ese tipo de comunicación. Me lo insinuarán, lo dejarán caer en otro momento, no me responderán.
– A veces el no contestar no significa que lo vean mal. Puede ser símbolo de respeto.
– No. Es como un “no me importa” o “no es importante”. Es un silencio incómodo.
– Pero esta interpretación no es por el simple hecho de no contestar. Hay más motivos. Lo vemos luego, sigamos. ¿Para qué sirve el hecho de preocuparte?
– Mmm no lo entiendo bien. Supongo que sirve para defenderme.
– ¿Defenderte de qué?
– De lo que me pueda sentar mal.
– Nos defendemos de lo que o de quiénes nos sentimos atacado. ¿Te sientes atacado por tu familia?
– En ocasiones si
– ¿Y qué haces en estas ocasiones?
– Les grito, les insulto, les hago callar o me voy de casa. No quiero escuchar sus desprecios, ataques o dramas.
– ¿Quién grita en tu casa? A parte de ti.
– Mí madre
– ¿Para qué crees que lo hace?
– Porque ella es así. Grita por todo.
– Grita para que le escuchen. Tu madre no se siente escuchada.
– Yo si le escucho, pero siempre dice lo mismo. “No me haces caso” “Haces lo que te da la gana” “Eres un rebelde”
– Dice «No me haces caso» porque no se siente escuchada. ¿Te consideras un rebelde?
– Bueno, tal vez con ellos si. En el instituto y con mi gente no lo soy porque todos llevamos el mismo rollo. Mis padres no me entienden.
– ¿Cuánto tiempo hace que no mantienes una conversación con ellos? ¿O con tu madre o tu padre a solas?
– Casi un año.
– ¿Y cómo te sientes por ello?
– Bien, más tranquilo. No les aguanto. Esta bien así.
– ¿Seguro? Antes dijiste que había silencios incómodos. Estas en una situación en la que te sientes al menos incómodo cuando estas en casa. Dices que no te entienden, pero no hay una conversación para que haya un entendimiento. Te contare algo:
Hubo un hombre que tenía mucha hambre. Cuando finalmente lo invitaron a sentarse a comer dijo ¡No puede ser! ¡No me lo puedo creer! Y siguió pasando hambre.
¿Qué sacas de lo que te acabo de contar?
-Pues que ese hombre no aprovecho la oportunidad de comer. Prefirió quedarse con hambre.
– Bien. El hombre no supo aprovechar la oportunidad de comer porque no estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones. Se acostumbro a pasar hambre al igual que tú te has acostumbrado a no hablar con tus padres, aunque sea una situación desagradable, como la de aquel hombre. Además, tampoco estas aprovechando las oportunidades que te dan tus padres para mantener una conversación. ¿Estás de acuerdo?
– Mmm si.
– Vale. Pues para eso estamos aquí. Detectar situaciones desagradables y no quedarnos en ellas. Cambiarlas para que estés cómodo. ¿Quieres mejorar la relación que tienes con tus padres?
¿Hablamos?
Contacto
tamarasanjose.psicologia@gmail.com
(34) 609.189.314
Avenida Europa, 101C. Sevilla
