Cuando tengo una duda o no sé de algo, miro Google.
Cuando esta duda es sentimental, nada ni nadie tiene la respuesta salvo yo.
Frases como «Me siento rar@, no se qué me pasa» «Me noto que no estoy bien, pero no sé porque» o «A veces siento que no me conozco» se hacen muy frecuentes en algunos momentos de nuestra vida. Esto nos lleva a sentirnos confundidos o bloqueados e intentamos aliviar ese malestar sin saber cuál es el problema. Cuando esto ocurre es muy complicado ponerle una solución correcta, sana y posiblemente nos conformemos con la solución fácil, la que tenemos más a mano o la que hemos aprendido como vía de escape como, por ejemplo, fumar más, comer más, ir de compras con más frecuencia, coger el móvil y pasar horas consultando noticia tras noticia y cada cual menos relevante para tu malestar.
Varios de los motivos por lo que nos suceden estos momentos es debido a una falta de inteligencia emocional la cual nos ayuda a conocernos, comprendernos y gestionar nuestras emociones de la manera más sana y más acertada para la toma de decisiones.
Identificar qué siento, qué pensamientos van en línea con lo que siento y qué actos puedo realizar para sentirme mejor son las premisas básicas de la inteligencia emocional las cuales están basadas en cómo funciona nuestro cerebro.
Pongamos un ejemplo práctico a todo esto. Julia se siente muy cansada y frustrada porque le dedica muchas horas a una relación sentimental en la que siente que no avanza y que no logra consolidar el compromiso que ella quiere. Si Julia tuviera una bajo autoconocimiento e inteligencia emocional pensaría que la culpa de su malestar es de su pareja Mario y, por tanto, ella no puede hacer nada por ella misma para sentirse mejor, por lo que el malestar tenderá a aumentar de intensidad con la intención de que sea solucionado. Sin embargo, si Julia conoce como gestionar sus emociones sabría que esta sintiendo frustración ya que tiene pensamientos como «no avanzo tanto como quiero en el tiempo que quiero» y podría plantearse soluciones como cambiar sus prioridades, hablarlo con Mario, tomar decisiones, etc. Además, Julia también se encuentra cansada y piensa «que llegué ya el sábado», «no puedo con mi cuerpo» por lo que Julia podría hacer para disminuir ese cansancio y acostarse antes, cogerse algún día de vacaciones, comer mejor, etc.
En definitiva, Julia sería mucho más consciente de cómo se siente, tendría en cuenta esos pensamientos que le invaden la mente en vez de obviarlos y evitarlos y haría por sentirse mejor con actos y comportamientos que así lo explican, siendo coherente con sus emociones, pensamientos y actos.
Este ejercicio puede resultar aparentemente sencillo, pero el mundo de las emociones es mucho más complejo que el ejemplo de Julia. Te animo a que conozcas más sobre la inteligencia emocional ya que puede cambiar tu estilo de vida y hacerte sentir con mayor capacidad para gestionar momentos delicados.
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