Prevenir el desgaste profesional (Burnout)


Una de nuestras obligaciones diarias a la cual dedicamos gran parte de nuestro tiempo es al trabajo. Las exigencias y demandas que el trabajo puede acarrearnos pueden ser en ocasiones excesivas, provocándonos estrés.

El estrés se define como un esfuerzo agotador para mantener las funciones, en este caso laborales, al nivel requerido. Este sometimiento lo vivimos como una amenaza la cual nos frustra, nos hace sentir en constante alerta y peligro, e incluso puede derivar en afecciones para nuestra salud física y psicológica como cansancio, fatiga, falta de energía, dificultad para concentrarse, alteraciones del sueño, tristeza o pensamientos de incapacidad, irritabilidad, etc.

Una vez identificado el estrés laboral y dado que las consecuencias son relevantes para nuestro bienestar, primeramente, debemos de tomar la responsabilidad de cuidarnos y actuar para aliviar esta problemática sin esperar un milagro, facilidades fortuitas o consecuencias graves.

¿Por dónde podemos empezar a actuar para aliviar el estrés laboral?

Conoce tu rol: No siempre sabemos poner límites y ser humildes ante situaciones con altas demandas, haciéndonos cargo de competencias y funciones que no son nuestras o incluso excediéndonos en ayudar a otros. Antes de ponernos a trabajar como “maquinas” deberíamos de conocer qué se espera de nuestro trabajo: Qué funciones concretas tengo, qué grado de responsabilidad se atribuye a mi rol, qué funciones tienen más peso o prioridad, qué puedo hacer en caso de tener dudas o incidencias, etc. Para adaptar nuestros recursos, tareas y tiempos al trabajo debemos de tener claro que demandas hay que cubrir.  De no ser así, estaremos actuando de manera reactiva a las demandas que vayan surgiendo sin un sentimiento de continuidad, lo que propicia que sintamos estrés.

Autoorganización: Las prisas, la improvisación o un contexto lleno de estímulos nos dificultan la planificación del tiempo y aumenta nuestra sensación de estar alerta. Para evitar que el tiempo de trabajo se dilate sin un fin claro tenemos que ayudarnos de otras variables que no son este, como son las listas de prioridades. Recuerda que existe la opción de que quede algo pendiente de hacer y retomarlo al día siguiente más descansado.

La autoorganización también tiene un componente clave la coordinación de las funciones laborales para con los demás. Trabajar en grupo tiene muchos beneficios, pero también es un ambiente en el cual se crean controversias. Para aliviar el estrés derivado de estas situaciones, debemos de poner límites y evitar llevar estos conflictos a terrenos fuera de lo laboral, sin tomárnoslo como algo personal. Como en cualquier área de nuestras vidas, las habilidades comunicativas serán esenciales para que este factor no aumente nuestro estrés.

Cuida tu diálogo interior: En ocasiones somos nosotros mismos lo que nos ponemos metas inalcanzables que en vez de incitarnos a llevar un buen ritmo de trabajo, se convierten en lastres inaguantables. Nos han enseñado a ponernos una meta y a no ser flexibles en su resolución, probemos a establecer varias metas alcanzables con distintos grados de resolución que nos sean útiles para retarnos, sentirnos menos presionados y más esperanzados.

Además, teniendo en cuenta que hay días mejores y días peores, nuestro diálogo debe ser congruente, es decir, hablarnos de manera compresiva, entender porque nos sentimos así y darnos ese lugar para poder hacer una lectura de cómo ha sido nuestro día. Una de nuestras tendencias es ayudar a los demás y dejar que se expresen para que suelten todo aquello que les crea malestar, probemos a hacerlo con nosotros mismos y el efecto será similar.  

Dedícate un tiempo de calidad: No olvidemos que somos mucho más que una profesión y que tenemos que dejar energía para todo lo demás aspectos vitales. La necesidad de conciliación deja de ser un mito o una ley cuando todos nosotros somos conscientes de la importancia de dedicarle tiempo a nuestra familia, amigos, ocios y, en general, a nosotros mismos. Apostar o invertir todo nuestro tiempo en una misma cosa, ya sea el trabajo u otro aspecto, nos hace sentirnos vulnerables, menos flexibles, obsesionados con esa variable y temerosos en otras áreas a las que no nos dedicamos. Por ello, cuando dejemos de trabajar y pese al cansancio o el mal día que hayamos tenido, debemos de pensar que el día no acabó y que aún tenemos tiempo para dedicarnos una película, una cita improvisada o un paseo contemplativo.

Estos serían algunos de los aspectos que podríamos mejorar para aliviar nuestro estrés laboral, si pese a haberlos abordado nuestras síntomas no han sido atenuados, recomendamos acudir a un profesional para analizar y trabajar con más detalle en aquellos estresores que nos crean malestar con el fin de proporcionarnos diversas estrategias y recursos de afrontamiento y cambio.

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Publicado por Tamara San José

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