Lo que el amor esconde


Entendemos el amor como un sentimiento de afecto el cual adquiere vida y forma en nuestro desarrollo y el de nuestras relaciones. Esta sería una definición teórica y simple la cual no abarca verdaderamente las complejidades emocionales que se nos presentan a la hora de establecer una relación y mantenerla en el tiempo de una manera sana.

¿Por qué el amor es tan complicado? Pues bien, todos nosotros sabemos identificar tanto en una película, como en una novela o incluso en la relación de algún ser querido qué está bien y qué no lo está, por lo que se deduce que la dificultad de gestionar una relación amorosa se encuentra en la práctica y en las emociones, valores o principios que se le asocian. Cuando no somos los protagonistas de esa relación, nos resulta relativamente sencillo dar consejos al otro o ver las debilidades.

Entonces, ¿Qué se necesita para expresa el amor con uno mismo y así, con el otro, y mantener una relación sana? Podemos decir que sentimos amor desde nuestros inicios de la vida en donde se establece un vínculo de apego con nuestros cuidadores. El desarrollo de un apego seguro es vital para aumentar nuestra autoestima, identificar nuestras emociones y establecer relaciones satisfactorias. Por tanto, gran parte de nuestras capacidades para sentirnos satisfechos en una relación tiene que ver con lo que hemos vivido en nuestra infancia.

Por otra parte, tenemos que aprender inteligencia emocional y con ello saber que se relaciona con el amor y que no. Poner límites, respetar la intimidad del otro, comunicarnos de igual a igual siendo claros serían algunas de las consecuencias del manejo de nuestra inteligencia emocional.

En toda relación amorosa debe de haber ciertos complementos que vayan en consonancia con los sentimientos que provoca el amor. Estaríamos hablando de una relación sana cuando este amor se complementa con respeto, cariño, cuidado, amparo, comunicación y equilibrio de roles. Sin embargo, una relación no será sana y placentera cuando, aparte de amor, hay pena, vergüenza, culpabilidad, dudas o luchas de poderes o intereses.

Solemos tener la concepción la cuál, como somos seres sociales, instintivamente estamos dotados para mantener buenas relaciones, pero esto no es así. Estas conllevan esfuerzo y trabajo por nuestra parte y, si es necesario, solicitar la colaboración de un psicólogo dado que, tanto el patrón de apego que hayamos desarrollado en nuestra infancia como nuestra inteligencia emocional, puede ser trabajadas y mejoradas con ayuda psicológica.

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Publicado por Tamara San José

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